Del Trabajo con los Elementos de la Naturaleza
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Sentados estos principios las
fuerzas de la naturaleza no se han dispuesto para el capricho de nadie y es necesario
saber que para ejercer el papel que el hombre tiene para con la naturaleza primero el
hombre debe ser Hombre y ello implica el conocimiento de la Luz. Sin ese Sello, el hombre
no es considerado como tal y no es capaz de ejercer ninguna facultad de gobierno ni
intercambio para con ningún ser. Luego es fácil que el entrometido sea manejado por los
defectos y excesos de un elemento particular puesto que carece del elemento equilibrador
de la Corona.
Los seres y las fuerzas de la natura
sienten una disposición de reverencia y profundo respeto hacia el iniciado (como
representante de la Divinidad en la Creación), y desean participar de su Luz. Saben que
por su limitada constitución no pueden aspirar a su verdadera voluntad, pero tienden a
imitar al hombre y a ser altamente receptivos a aprender el trato que se le ofrezca. En
cuanto a conocimiento oculto son muy penetrantes, pero son dependientes del hombre para
ser rescatados y ser partícipes de la Gloria.
Por tanto, es incorrecto pensar que
las corrientes elementales de la naturaleza ayudan a buscar la Luz, puesto que cada uno
posee sus elementales afines que aparecerán de forma natural en el momento oportuno para
el trabajo posterior al conocimiento propio de la Luz.
Mientras tanto el trabajo con
corrientes elementales debe acontecer en el siguiente marco: uno debe poseer la virtud y
haber eliminado los defectos de cada elemento dentro de sí. Con el trabajo y la
quintaesencia se purifica lo fuerte y se fortalece lo débil hasta encontrar el equilibrio
de los cuatro. Así, la tendencia astrológica natural es corregida dentro del ser humano
y se halla el fundamento seguro para participar y dirigir las fuerzas de la naturaleza.
En suma, hay que ser resuelto y
activo como las sílfides pero evitar la frivolidad, la dispersión y el capricho. Ser
fuerte y energético como las salamandras, pero evitando la ferocidad, la irascibilidad y
el despotismo. Disponernos a la flexibilidad y a la sensibilidad como las ondinas, pero
evitar la pereza y la mutabilidad de la inconstancia. Ser laborioso, constante y paciente
como los gnomos, pero evitar la tosquedad, la avaricia y la inercia de lo mundano. De este
modo, nos prepararemos paulatinamente para desarrollar los poderes del alma y, en
extensión, ejercer la Voluntad y Servidumbre a la LUX para imprimir la gracia a los seres
que están con nosotros y debajo de nosotros.
Existen muchos modos de entablar
relación con los reinos naturales, mas el modo operante lícito es aquel donde el
iniciado se alía con las fuerzas divinas kerúbicas que gobiernan directamente las
corrientes elementales para así ponerlas bajo su kether natural. He aquí de nuevo el
concepto del hombre como mediador entre lo Alto y los planos relativos al hombre. El
Hombre como Cruz.